PROCLAMADA VENERABLE

PROCLAMADA VENERABLE

El 15 de diciembre, con inmensa alegría y profunda gratitud, te invocamos Venerable, siguiendo tus pasos con amor.

Nacimiento al cielo

Nacimiento al cielo

La noche que recibe la unción de los enfermos, la Madre General, Madre Cherubina Camerata está a su derecha y reza, pero vencida por la emoción, permanece en silencio; percibe a la mujer enferma y se quedó sola con ella: “Madre General, me dijo, me parece muy angustiada, en su lugar debemos saber cómo esconder las lágrimas: en la comunidad, todas tienen sus propias preocupaciones y la superiora, como la madre de familia debe entender a todas y esconder lo suyo. La paz y la serenidad siempre serán el mejor regalo que puede dar a sus hijas. Su sonrisa será como una onda de luz en sus almas; las hermanas, en la vida de renuncia y donación que se les exige diariamente, la necesitan. Nuestra bondad debe recordarles eso al Señor; solo así abriremos sus corazones al bien y los empujaremos hacia el cielo … hay tanta necesidad de bondad en la tierra démosles tanto hasta que podamos”.
En la noche del 21 de diciembre de 1894, ella siente que los pasos del Novio se acercan, su corazón tiembla de felicidad, su última mirada busca al Crucifijo, pero el Resucitado, el Amor de su vida está ante ella, con toda Su luz.

Premura Materna

En agosto sufre parálisis intestinal y comienza a declinar lentamente, pero olvidándose de sí misma, tiene una sonrisa para todas y mucha preocupación por la salud de sus hijas. Ella continúa recomendándoles la caridad mutua y celo por las almas, luego, al verlas llorar por el empeoramiento de su condición, pregunta con ternura materna: “¿por qué lloran? La muerte es un regalo de Dios y nos permite disfrutarlo en el cielo, las precedo. Observen las reglas y haga mucho bien a las niñas, especialmente a las más pobres. Elijan el último lugar en la tierra y tendrán el primero en el cielo”.

Su oración es aceptada

Madre Elena Bettini, ahora avanzada en años, pide repetidamente ser reemplazada en la tarea de dirigir el Instituto y, cuando sucede, en 1892, su corazón se desborda de alegría y se arrodilla ante la nueva Superior General, quien la abraza con infinita gratitud: es la Madre Cherubina Camerata quien, desde niña, respiró profundamente el asombro de un Carisma, encarnada en su Madre y maestra Elena Bettini.

Un nuevo Servicio

El Santo Padre le pide para transferirse, como Superiora, a otro instituto religioso que se quedó repentinamente sin el fundador y permaneció allí durante trece años. Una obediencia total que caracteriza a Elena Bettini, siempre atenta a captar el paso de Dios en su vida a través de la mediación humana.